ADMIRACIÓN Y DECEPCIÓN

Admiración y decepción. Ni son palabras antónimas  ni son sentimientos antagonistas pero sí que han  significado la contraposición de estos últimos días.

Tendemos  a evocar momentos del pasado que nos han hecho de alguna forma sentirnos bien, felices. Son esos recuerdos a los que acudes cuando necesitas esbozar una sonrisa ya no solo en el rostro sino también en el alma.  Pero algunas veces, esos recuerdos los tenemos idealizados y aunque hayan sido coetáneos a otros no tan agradables, el poder de la mente de discriminar sólo lo que le conviene es enorme.

La idealización es un arma de doble filo ya  que lo vivido anteriormente ha sucedido dentro de un contexto determinado, de una época determinada, de un lugar determinado. Pero las cosas cambian, las personas cambian y, por supuesto, tú también cambias.

Durante el pasado fin de semana viví sentimientos encontrados. Sentimientos a los que aludía al principio y que me han hecho reflexionar mucho.

Empezaré por el final.

El domingo por la tarde asistí a un evento musical. Me hacía muchísima ilusión ir.  Y no tan solo para ver y apoyar a la artista, a la que profeso un cariño muy especial, sino también para volver a ver a personas que formaron parte de mi vida y que juntas nos convertimos en un grupo de ayuda mutua ya que casi todos atravesábamos un momento complicado.

Concierto increíble a nivel artístico pero …… todas esas personas a las  que ansiaba ver, a las que ansiaba abrazar, de repente eran completamente extrañas pero no solo hacia mí sino hacia el propio grupo; como si jamás hubiésemos sido algo más que conocidas. Como si nunca hubiese existido un vínculo de unión y ayuda entre nosotras. Y me hizo pensar: ¿Realmente alguna vez hubo una amistad o solamente fue producto de mi imaginación? Puedo asegurar que por mi parte hubo y seguía habiendo un sentimiento profundo de amistad y agradecimiento  y siempre he recordado con cariño toda aquella etapa. Pero creo que la idealicé demasiado En unos minutos se desmoronó por completo. Se cayó del pedestal donde yo la había colocado y se hizo trizas. De ahí mi gran decepción. Esa  es la decepción a la que hacía referencia.

Y ahora seguiré por el principio que, en este caso, es el reverso de la moneda.

El sábado participé en la manifestación del 25N Día internacional contra la violencia de género. Desde que se convocó cada año he participado. Pero esta vez ha sido diferente. Interiormente ha acabado de despertar de nuevo en mí el espíritu de lucha, de rebeldía, de reivindicación, de inconformismo, de querer cambiar las cosas.  De ir librando batallas hasta ganar la guerra contra las injusticias sociales. De lidiar contra la desigualdad. De pelear hasta la extenuación por la libertad de cualquier tipo. Todo eso estaba en un estado de letargo provocado por la desilusión que me causaron mis últimos años de militancia  en el partido al cual estaba afiliada. Esos últimos años los pasé en una ciudad ajena a la mía y no entendí la forma de actuar ni de proceder en y desde su sede  y eso me pasó factura.

Pero ahora es distinto. Estoy de nuevo en Barcelona desde hace tres años y medio. He conocido a grandes mujeres que, con su ejemplo, me han devuelto la ilusión del compromiso. Por volverme a implicar  para poder ayudar a crear una sociedad tolerante, solidaria, humana, diversa, feminista, justa. Para hacer posible la visibilidad de nosotras las mujeres en todos los ámbitos y luchar para conseguir el lugar que nos corresponde en una sociedad que, por desgracia, sigue siendo machista y patriarcal.

Siguiendo con la dinámica reemprendida, el domingo por la mañana fui al barrio de Gràcia, a la Plaça de les Dones del 36 para asistir a un acto: “Parlem de violències masclistes” (“Hablemos de violencias machistas”) He de decir que en este acto participaba una persona por la que siento debilidad además de una profunda admiración. Auténtico referente de lucha a favor de la visibilidad de las mujeres y  defensora implacable de la justicia y libertades sociales. Mi respeto y cariño son absolutos.

No sé si es que estoy en un momento de extrema sensibilidad pero me emocioné muchísimo por diversos motivos.

Seis mujeres increíbles, totalmente imprescindibles, hablaron sobre ello. Aportaron testimonios de terceras personas que habían sufrido violencia machista. Hablaron sobre cómo se trata el tema desde la prensa. Hablaron de la necesidad de feminizar la sociedad  y defendieron un programa de gobierno feminista con una contundencia argumental exquisita y con la dosis justa de vehemencia.





Salí de nuevo con la convicción de que necesitaba formar parte de aquella lucha.

Con mis pensamientos y asimilando todo lo que allí se había hablado,  bajé andando  por Torrent de l’Olla. Me apetecía mucho caminar (siempre lo hago cuando necesito meditar)  y ya en La Diagonal cogí el metro hacia Sants, mi barrio.

En la Calle Santa Caterina hay un local, totalmente recomendable, TERRAVINO, regentado por dos magníficas mujeres y amigas: Isabel y Cecilia. Con un ambiente muy acogedor y agradable. Los domingos organizan el “vermut musical” Una iniciativa increíble con música en directo con artistas noveles y no tan noveles pero que se dejan la piel y que forman parte de otro ejemplo de lucha y de persecución de sueños (lo sé bien porque durante bastante tiempo fui una de ellos)

Hice mi parada casi habitual de los domingos  y disfruté de lo que quedaba de actuación. Como melómana redomada que soy, agradecí profundamente ese momento.

Del resto de horas de la tarde-noche ya he hablado y de la decepción también.  He llegado a la conclusión de que le otorgaré la importancia que se merece en la distancia y en el tiempo aunque eso sí, seguiré recordando con cariño esa etapa de mi vida.

De todo lo vivido este fin de semana me quedo con algo muy importante: La ilusión del compromiso

Necesitaba expresar todo esto y lo he querido hacer desde mi blog. Este es el primer post que publico y espero que no sea el último.

Hasta la próxima!!!


Besos!!!!

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